El Liberalismo

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El Liberalismo

Mensaje por Daniel el Mar Jul 15, 2008 12:53 am

El liberalismo es un sistema filosófico, social, económico y de acción política, que promueve las libertades
civiles y el máximo límite al poder coactivo de los gobiernos sobre las personas; se opone a cualquier
forma de despotismo y es la doctrina en la que se fundamentan el gobierno
representativo y la democracia
parlamentaria. Aboga principalmente por:

  • El desarrollo de las libertades individuales y, a partir de
    ésta, el progreso de la sociedad.
  • El establecimiento de un Estado de Derecho, en el que todas las
    personas, incluyendo aquellas que formen parte del Gobierno, están sometidas al
    mismo marco mínimo de leyes.

Características


Sus características principales son:

  • El individualismo,
    que considera a la persona individual como primordial, por encima de todo
    aspecto social o colectivo.
  • La libertad como un derecho
    inviolable que se refiere a diversos aspectos: libertad de pensamiento, de
    expresión, de asociación, de prensa, etc., cuyo único límite consiste en la
    libertad de los demás, y que debe constituir una garantía frente a la
    intromisión del gobierno en la vida de los individuos.
  • La igualdad entre los hombres,
    entendida únicamente en lo que se refiere a diversos campos jurídico y político.
    Es decir, para el liberalismo, todos los ciudadanos son iguales ante la ley y
    para el Estado.
  • El respeto a la propiedad privada como fuente de desarrollo
    individual, y como derecho inobjetable que debe ser salvaguardado por la ley y
    protegido por el Estado.

Liberalismo social, liberalismo económico y
liberalismo político


El liberalismo social defiende la no intromisión del Estado o de los
colectivos en la conducta privada de los ciudadanos y en sus relaciones sociales
no-mercantiles, admitiendo grandes cotas de libertad de expresión y religiosa,
los diferentes tipos de relaciones sociales consentidas, morales, etc. Sin
embargo, considera valores más allá de la propia voluntad, como los valores
religiosos o tradicionales. Actualmente, se le suele confundir con el
progresismo social, asociado a ideologías de socialdemócratas.
El liberalismo económico defiende la no intromisión del Estado en las
relaciones mercantiles entre los ciudadanos (reduciendo los impuestos a su
mínima expresión y eliminando cualquier regulación sobre comercio, producción,
etc.), sin dejar de lado la protección a «débiles» (subsidios de desempleo,
pensiones públicas, beneficencia pública) o «fuertes» (aranceles, subsidios a la
producción, etc.). La impopularidad de reducir a veces la protección de los más
desfavorecidos lleva a los liberales a alegar que resulta perjudicial también
para ellos, porque entorpece el crecimiento, y reduce las oportunidades de
ascenso y el estímulo a los emprendedores. Los críticos, por el contrario,
consideran que el Estado puede intervenir precisamente fomentando estos ámbitos
en el seno de los grupos más desfavorecidos. El liberalismo económico tiende a
ser identificado con el capitalismo, aunque este no tiene por qué ser
necesariamente liberal, ni el liberalismo tiene por qué llevar a un sistema
capitalista. Por ello muchas críticas al capitalismo son trasladadas falazmente
al liberalismo.

En la discusión filosófica teórica actual, se suele dar el caso de que un
pensador coincida a la vez con las posturas del liberalismo social y el
liberalismo económico. En la práctica política, es raro que coincidan. En
general, el intervencionismo económico y el liberalismo social son
característicos de la socialdemocracia y el eurocomunismo mientras que el
liberalismo económico y el control social son más característicos del llamado neoliberalismo económico,
pero la práctica real de la política obliga a atender a muchas circunstancias,
aparte de la propia ideología. Otras políticas, como el comunismo leninista
(especialmente en la época de Stalin) y la autarquía franquista combinaban el intervencionismo económico
con un rígido control social. También se dan casos de que un mismo grupo de
presión pida unas medidas económicas liberales y otras intervencionistas. Por
ejemplo, un sector industrial puede reclamar libre circulación de bienes y
servicios dentro de un mercado, pero una fuerte protección frente a productores
de fuera del país.
El liberalismo político inspiró la organización del Estado durante el
siglo XIX. Pero para conseguir cambiar y consolidar un nuevo sistema de
gobierno, era precisa una profunda crítica y transformación social y
económica, de modo que todos los individuos tuvieran los mismos privilegios, y
una mayor libertad de actuación.

Fuente: Wikipedia
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